LA PASION TURCA EN BTT

INTRODUCCIÓN (LA PASIÓN TURCA EN BTT)

 

Rodar, rodar y rodar... todo buen biker en alguna ocasión ha soñado con hacer una ruta interminable, mover sus desarrollos durante horas y días, compartiendo el camino con otros compañeros, disfrutando de paisajes increíbles, descubriendo otros pueblos, otras gentes, otros olores, otros sabores y otros colores, sacando lo mejor y en ocasiones lo peor de nosotros mismos.

 

Nuestra ruta se empezó a gestar como tal a principios de año, si bien en la cabeza de quien os escribe ésta ya había sido imaginada como próxima parada desde mediados del año 2008, justo después de volver de otro increíble y fantástico viaje en bicicleta de montaña por Marruecos con otros 20 compañeros.

 

El destino previsto para ésta ocasión era Turquía, un país increíble, cargado de historia, riqueza y como no? de vías interminables para recorrer con nuestras bicicletas de montaña. La zona elegida: la Capadocia (una zona única e inimaginable por sus espectaculares formaciones rocosas) los kilómetros previstos unos 400 en seis etapas, donde además de rodar, tendríamos tiempo para deleitarnos con los parajes increíbles e inverosímiles, empaparnos con toda la historia y toda la cultura escampada por valles, pueblos y montañas, disfrutar al máximo de la comida, la hospitalidad de sus gentes, dormir en las cuevas excavadas en las rocas volcánicas o caernos en grupo en el meandro de algún pequeño río...

 

Antes de seguir dándole a las teclas del ordenador, creo que es de recibo presentarnos, aunque no sé muy bien como hacerlo ya que un grupo como el nuestro formado por 19 personas, ha contado con integrantes de diferentes procedencias, si bien el nexo de unión entre todos nosotros y nuestro campo de operaciones, lo tenemos en el “Club Delfos” de Cornellà de Llobregat (Barcelona) uno de esos centros deportivos que todavía se gestiona de forma familiar, que llevan más de 25 años dando servicio y que intentan tener ese plus de calidad en relación con otros tipos de entidades que han olvidado que lo más importante es el socio y que sin él su existencia no tendría razón de ser.

Si el nexo de unión es el gimnasio, el centro de operaciones es la sala de ciclismo indoor, donde el que os escribe tiene el privilegio de ser uno de los cirujanos, intentando que las clases también sean una parte importante del entreno. Por otra parte, podemos nombrar al “O2 sports club esportiu” el club de ciclismo que ha canalizado nuestros éntrenos al aire libre, nuestras rutas hasta el momento de iniciar nuestra marcha, club del cual la mayoría de nosotros también formamos parte,   una más de esas entidades anónimas, formadas por auténticos amantes y  apasionados del ciclismo, que en la mayoría de ocasiones son tan maltratados por entidades públicas y privadas, no dándole valía a su esfuerzo, siendo éstos clubs los que mueven el “cotarro” del montain bike amateur en nuestros país, organizando marchas y eventos con participaciones realmente record.

Después de deciros de donde venimos os diremos brevemente quienes somos, quienes eran los integrantes de nuestra pequeña aventura en el antiguo imperio otomano, la cual estaba formada por siete chicas (hay es nada!) y doce chicos, todos unidos gracias a esas máquinas maravillosas de dos ruedas y las ganas de vivir una experiencia única en un marco increíble como es la Capadocia. Desde Barcelona y sus alrededores, Xavi, Oscar, Susana, Siscu, Antonio, Josep, Merche, Carlos, Nacho, Ana, Edu, Lola, Marta, Jose Luis y yo mismo Andreu  y  también contábamos con Lidia de Tenerife, José Manuel de León y Fernando desde Salamanca y el toque internacional al grupo lo daba Rhian de País de Gales.

 

PREPARACIÓN DEL VIAJE

 

Los preparativos empezaron a principios del mes de enero y la ruta se desarrollo del 30 de mayo al 6 de junio. Gracias a Internet contactamos con diferentes agencias locales, hasta que conseguimos un contacto que nos podía ofrecer sobre el papel todo lo que nosotros precisábamos, una ruta a la medida de nuestro grupo, vehículos de apoyo, infraestructura hotelera, avituallamientos y la mayor parte de la logística que en principio podíamos necesitar, cabe destacar que para nuestro contacto también era un reto importante ya que no había realizado nada similar hasta la fecha, limitándose a llevar a algunos pequeños grupos de cicloturistas a visitar los alrededores de sus hoteles, siendo salidas de medio día que podían llegar máximo a los 30km, lo que distaba bastante de las pretensiones kilométricas y de infraestructura de nuestro grupo.

Después de meses intensos de intercambio de e-mails y de que ya estuviera formado el grupito de bikers dispuestos a vivir ésta experiencia, yo mismo junto a la chica Galesa, decidimos en el mes de marzo, hacer un viaje fugaz a la Capadocia, conocer a nuestro contacto y visitar el terreno por donde pretendíamos rodar, toda la infraestructura  y acabar de decidirnos por éste destino. El viaje fue de tan solo tres días y medio, una autentica Maratón,  cogimos 5 aviones, recorrimos 1000km. en un bus nocturno, hicimos 450km. en un 4x4 por pistas negadas por el barro, la nieve y el agua y aún así, tuvimos tiempo para quedarnos maravillados con el paisaje, con la hospitalidad de la gente, su amabilidad, su sencillez y ello nos sirvió para decidir que éste tenía que ser el destino de nuestra ruta. Zaim nuestro amigo turco, nos pareció un chico fantástico, una de esas personas que tienen cara de bueno y que rápidamente te inspiran confianza, nos contó algunos detalles de su vida, casado... bla, bla y que su mujer estaba esperando un hijo, detalle que menciono ya que más adelante os daréis cuenta de la importancia de ese cuestión.

 

En la preparación de un viaje de éste calibre, la parte que a mi personalmente menos me gusta es la relacionada con el bolsillo y no tiene nada que ver con que yo sea catalán, el hecho de intentar que alguien se interese por tu proyecto es cada vez más difícil y no vale decir que son tiempos de crisis ya que en tiempos de bonanza a los que ya llevamos años en el mundillo organizando cositas relacionadas de éste estilo, siempre nos ha pasado igual, por eso hemos de destacar a las entidades que han colaborado de una manera u otra en nuestra historia. Iniciaríamos la tanda de agradecimientos por la conocidísima tienda de bicicletas “Tomás Domingo” de Barcelona, con sus más de 60 años de antigüedad, donde nos han prestado el mejor asesoramiento técnico y donde nos han ayudado en la compra de material  y equipaciones; también al Club Delfos de Cornellà que siempre tiene sus puertas abiertas a nuestras locas propuestas; al pequeño fabricante de zapatillas de ciclismos y bmx Ribó de Barcelona y a Bacardí (si el de las bebidas) que nos preparó un lote de productos publicitarios para todo el grupo.

 

Después de entrenarnos con la mirada puesta en nuestro reto, tener a punto nuestras bicicletas, visitar una y mil veces a los amigos de Tomás Domingo en busca de ese último recambio o ese último componente... la hora de partida ya estaba muy pero que muy próxima... habiendo vivido un mes de mayo de forma totalmente fugaz ya que éste había pasado más rápido que los otros meses del año.

 

Empaquetamos debidamente nuestro equipaje y como no... nuestras bicicletas, sin las que toda ésta aventura no tendría razón de ser.

 

 

EMPIEZA EL VIAJE / EMPIEZA LA AVENTURA

 

Sábado 30 de mayo (Barcelona / Estambul / Besiktas / Taksim / Nargile)

 

Llegamos a eso de las nueve de la mañana la mayor parte del grupo al aeropuerto de Barcelona y allí nos encontramos con José Manuel y Fernando que ya habían cogido un vuelo previo para reunirse con nosotros, teníamos que coger el vuelo de Turkish Airline a eso de las 12 h. que nos llevaría directamente a Estambul después de cuatro horas de vuelo (tres más una de cambio horario) y como no??? los pertinentes retrasos. De la totalidad del grupo solo faltaba Lidia que viajaba directamente de Tenerife a Estambul vía Madrid y a la que íbamos a conocer personalmente allí.

La primera aventura ya la vivimos en el propio aeropuerto ya que embarcar diecisiete bicicletas no es tarea fácil, si bien todo fue más rápido y controlado de lo previsto.

Cabe decir que si sois hábiles en la lectura, os habréis dado cuenta que los números anteriores no cuadran, diecinueve integrantes en la expedición, diecisiete bicis embarcando en Barcelona y la de Lidia no suman esos diecinueve, la respuesta es la siguiente, Lola... Lola ha sido la fisioterapeuta y fotógrafa del grupo y además nos ha ayudado muchísimo a transitar por el camino correcto, trasmitiendo a través del “walkie” los datos de la ruta.

Después de éste breve pero obligado comentario sobre Lola, ya estamos en Estambul, ya estamos en esa fantástica ciudad de nueve millones de habitantes, viva, floreciente, antigua pero moderna, cargada de historia y que se encuentra a caballo entre Asia y Europa. Todos esperábamos impacientes la llegada completa de los equipajes y por eso esperamos con los dedos, los brazos y las piernas cruzadas hasta que vimos salir nuestras bicicletas y maletas y si! estaban todas. Después nos vinieron a recoger como estaba previsto y nos llevaron al hotel de Estambul donde pasaríamos nuestra primera noche en Turquía, hotel que se encontraba en pleno centro, a cinco minutos de la Gran Mezquita, Santa Sofia o el Gran Bazar... duchita rápida y a descubrir la ciudad, en ese descubrimiento hemos de destacar el barrio de Taksim: lleno de vida, fiesta, música y donde un grupo de nosotros acabamos bailando en el ático de un viejo edificio de esas transitadas calles. Para darle más notoriedad a nuestra llegada, la misma coincidió con la celebración del titulo de la liga turca  por parte de los aficionados del Besiktas, uno de los equipos de la ciudad, celebración sonora y colorida, a la que nosotros también nos sumamos, si bien ésta distaba bastante de las realizadas días atrás por parte de los aficionados del Barcelona.

Antes de irnos a dormir, nos reencontramos todos en una callejuela pegada a nuestro hotel, tirados en el suelo, entre alfombras y cojines, fomentando el compañerismo a través de un Nargile, que nos sentó a todos la mar de bien antes de irnos a dormir. Fumar esos tabacos aromáticos, para ciclistas y deportistas como nosotros es algo “especial”... ahhh, se me olvidaba comentar que Lidia ya estaba con nosotros y era una más entre cojines...

 

Domingo 31 (Estambul / Capadocia)

 

Nos levantamos tempranito para aprovechar el día al máximo y decidimos ir a descubrir la ciudad por nuestra cuenta, dejamos las bicicletas y los equipajes en el hotel, nos colgamos las mochilas y a caminar, Santa Sofía, la Mezquita Azul, la Cisterna de Justiniano, fueron tres de las maravillas que pudimos visitar, comida perfecta y exquisita y luego unos nos fuimos a pasear por la costa del mar de Marmara, otros decidieron visitar los pequeños mercados y los entresijos de la ciudad y llegar hasta un mercado tradicional de bicicletas y el gran pelotón prefirió llegar hasta la parte asiática y ver la Torre Galata.

La cuestión es que a la hora prevista, estábamos todos en el punto de encuentro comiendo shawarma y esperando a que nos vinieran a recoger para llevarnos del hotel al aeropuerto.

Una vez llegamos al aeropuerto la operación de carga fue relativamente fácil, llevándonos tres anécdotas de allí: la primera y más agradable es que en Estambul no nos cobraron por cargar nuestras bicicletas, no pagamos los 30€ de rigor que si nos cobraron en Barcelona, la segunda anécdota es el pequeño soborno que tuvimos que pagar para que el señor que cargaba las bicicletas las tratara como era debido, inicialmente no se conformó con 20€ y tuvimos que doblar la cantidad para que se sintiera algo mejor...  la tercera anécdota tiene que ver con el machismo puro y duro que existe todavía en algunos países y donde nos lo pusieron rápidamente de manifiesto ya que el “carga bicicletas” nunca quiso hablar con Rhian que tiene un ingles nativo y es con la que se podía entender mejor, prefirió medio entenderse conmigo antes que hablar directamente con ella...

Llegamos a la 1.45h. del lunes a la Capadocia y allí nos estaba esperando nuestro guía, todo perfecto incluyendo la llegada de nuestras bicicletas, traslado al hotel y a dormir entre una cosa y otra a eso de las 4h. pero contentos y felices, donde ya tuvimos muestras de lo que nos esperaba ya que nuestro primer hotel, situado en el pueblo de Mustafapasa, tenía sus habitaciones excavadas en la roca.

Solo una cosa más a nuestra llegada le pregunté a Zaim que tal su mujer y que tal el embarazo y me dijo que bien, también le pregunté para cuando el bebe y me dijo que para mañana... es broma no? pues no a las 15h. le hacen la cesaría ya que lleva ocho días de retraso...

 

INICIO DE LA RUTA

 

Lunes 1 de junio (descubriendo la Capadocia)

 

El primer día de ruta tenía que ser un día tranquilo, sencillo y placido para aclimatarnos a la zona, recuperarnos del vuelo y prepararnos para lo que teníamos por delante, aunque de eso nada, entre montar bicicletas y prepararnos salimos a las 12h. de nuestras cuevas. 50km. y 860 m desnivel acumulado,  la mayor parte de un terreno arenoso y de difícil rodada comiendo en ruta a las 5.30 de la tarde y regresando a nuestro hotel a las 8.20 cuando la noche casi nos alcanza. Valió la pena el esfuerzo, las anécdotas se fueron sucediendo una detrás de otra y empezamos a maravillarnos con lo que el paisaje nos iba brindando, transitamos por caminos de toba esculpida por el agua y el viento y la mayor de las atracciones del día unos dos kilómetros por el meandro de un riachuelo, con el suelo de roca forrada de verdor que hacia del fondo una autentica pista de patinaje, haciendo que las caídas se fueran sucediendo, refrescando el cálido ambiente ya que todos nos llegamos a mojar. El fin de fiesta de la ruta de ese día lo puso la llegada a las Chimeneas de las Hadas, siendo ésta una de las imágenes más famosas de la Capadocia, donde la mayor parte del grupo explotó de admiración y alucine.

Como llegamos tarde, nos fuimos a dormir tarde, eso sí deleitándonos antes con una magnifica cena de platos típicos de la zona...

Por cierto Zaim, nuestro guía estuvo muy pero que muy nervioso todo el día, lo cual era normal y comprensible y desde aquí quiero agradecerle y felicitarle por su paciencia, ese mismo día fue padre y no estuvo en el hospital, estuvo con el grupo. Varios de nosotros pudimos sentir su emoción ya que estábamos a su lado cuando le comentaron por teléfono que había sido padre, no olvidaré la cara de ese padre primerizo y el lugar donde nos lo comentó, justo antes de un sendero estrecho que nos llevaba a las Chimeneas de las Hadas.

 

Martes 2 de Junio (descubriendo la Capadocia)

 

En ésa etapa teníamos la intención de salir más temprano, si bien movilizar al grupo era bastante difícil no ayudando tampoco la nueva circunstancia de paternidad de nuestro guía el cual era el primero en retrasarse... salimos a las 10 de la mañana y regresamos nuevamente al anochecer, a eso de las 8.30 volvíamos a  montar el pelotón de regreso. Ésta etapa tuvo un recorrido de 80 km, si bien la previsión inicial rondaba los 100, no teniendo más remedio que reducirla ante la cantidad de incidencias que tuvimos que afrontar... el desnivel final de la misma fue de 1400 m.

Después de una preciosa primera parte donde estuvimos llaneando y perdiendo progresivamente altura durante unos 20 km llegamos a la posada de Sarihan Kervansarayi, la cual tuvo su esplendor y fue utilizada por los mercaderes de la ruta de la seda. Después de la parada obligatoria y el avituallamiento en la posada, iniciamos un duro y largo ascenso, poniendo a prueba nuestras piernas y nuestros neumáticos ya que unas plantas muy comunes en la zona se encargaron de minar todo el camino y hacer que entre todos contabilizáramos más de 20 pinchazos, librándose del desastre solo un par de bicicletas, curiosamente las que llevaban montados “tubeless” en sus ruedas, también tuvimos que contabilizar alguna que otra caída, en principio sin importancia si bien Lidia tuvo que sumar a su caída la que había tenido el día anterior, con lo cual su participación en la etapa del día siguiente era todo un interrogante.

Durante toda la ruta tuvimos unas vistas impresionantes de los valles de la zona y pudimos disfrutar de los múltiples colores de las flores y plantas silvestres que adornaban las pistas y caminos y que nos iban saludando a nuestro paso y que dejaban fluir sus perfumes de manera exuberante.

Nuevamente nos deleitaron con una extraordinaria comida típica de la zona, con productos frescos y sabroso y como no? nos fuimos a dormir a las tantas.

 

Miércoles 3 de Junio (descubriendo la Capadocia)

 

Seguíamos sin poder salir a una hora razonable y el grupo se puso en movimiento a eso de las 10.30h, además tuvimos que hacer una parada inesperada y obligatoria en el hospital  para que revisaran las heridas de Lidia, después de limpiar las mismas, la recomendación fue que los dos siguientes días no pedaleara. Después de la incidencia, iniciamos una marcha tranquila que nos llevó al Museo al aire libre de Goreme (patrimonio Mundial por la UNESCO) famoso por sus formaciones rocosas y sus iglesias rupestres excavadas en ellas. Visitamos el museo y proseguimos la marcha, por una vía suave, con un terreno asequible, que poco a poco nos fue alejando de la Capadocia más turística y nos fue adentrando en una Capadocia mucho más rural, más desconocida, campos de maíz, plantaciones de patata y flores a nuestro alrededor nos ayudaban a ir sumando kilómetros. La parada de rigor para comer en ésta ocasión la hicimos en una casa local, donde la familia que la habitaba, había calculado comida para un regimiento. Gozamos de su hospitalidad y simpatía y la verdad es que costó ponernos nuevamente en marcha. La segunda parte de la etapa, yo la calificaría de preciosa, buenas pistas, buena temperatura, flores a nuestro alrededor campos  verdes de trigo y una caravana de ciclistas. Las etapas anteriores habíamos tenido como referencia el volcán Ergies, montaña nevada de más de 4000 metros de altura, pero ahora nuestra referencia había cambiado. Después de dejar a nuestra espalada el citado monte, tenía al frente el Monte Asan, otra espectacular montaña cubierta de nieve a la que nos íbamos acercando cada vez un poco más. El fin de fiesta de ésta etapa cada vez estaba más próximo, cuanto más nos acercábamos a nuestro destino el pueblo de Songali, más nos iba atrapando el paisaje,  un valle místico y abandonado, casas en las rocas, algunas de ellas habitadas. Volvíamos a llegar al anochecer y la luz era perfecta para disfrutar del paisaje y emocionarnos con él, rodábamos en grupo como un autentico pelotón y a una velocidad fantástica, siendo las chicas las que imponían su ritmo. Dormimos en una pequeña pensión que tiene tres habitaciones excavadas en la roca, si bien para albergar a todo el grupo, también parte del mismo se instaló en una vieja casa local abandonada, ya que el pueblo original de Songali, está prácticamente abandonado, quedando solo un par de familias en él.  Compartimos habitaciones, magnifica cena y cansancio, rodamos durante 80 km superando un desnivel acumulado de 1150 metros.

 

Jueves 4 de Junio. (Descubriendo la otra Capadocia)

 

Para ésta jornada conseguimos adelantar nuestra salida y ponernos en movimiento a eso de las 9.15h. Todavía en el pueblo de Songali y antes de ponernos nuevamente en marcha, paramos para visitar una iglesia rupestre situada en el interior de una de las rocas cónicas que poblaban la zona. Iniciamos la ruta con un corto pero intenso ascenso que nos hizo superar un desnivel de 300 m. en tan solo 3 km, lo que provocó que nos tuviéramos que emplear a tope, una vez llegamos al final del mini puerto nos situamos en un primer valle donde la vista se perdía en la planicie, teniendo como referencia nuevamente el Monte Hasan. Empezamos a rodar por una pista que inicialmente parecía fácil, aunque rápidamente tuvimos los primero avisos de que el reto del día no sería tan sencillo, un terreno suelto y arenoso nos puso sobre aviso y un viento en contra nos acabo de dar la respuesta, empezamos a rodar y el grupo se fue alargando cada vez más, el terreno perdedor llego incluso a confundir a nuestro guía. La mayor parte del tiempo trabajamos como un verdadero equipo, utilizando las señales que días antes nuestro guía había pintado, utilizamos los trasmisores que llevábamos y además apostamos en los cruces a alguno de los nuestros para avisar al resto del grupo de por donde seguía el camino.

La etapa tuvo dos puertos más, uno de ellos nos llevó a Derinkuyo un precioso pueblo, con vistas impresionantes y construcciones típicas que nos puso  de nuevo en la planicie. Llegando a la “Estepa turca” el paisaje volvía a ser plano, al viento y al terreno arenoso de la mañana, teníamos que  sumarle el calor y el ligero desnivel del firme, lo que puso a prueba al grupo y donde empezaron los primeros síntomas de cansancio, eso sí sin dejar de disfrutar de unos parajes muy distintos a los nuestros, con algunos campos de maíz mecidos por el viento que nos hacían sentirnos parte del entorno.

Paramos a comer en la plaza de uno de los pueblos que teníamos que atravesar durante la última parte de la ruta y al ver nuestra llegada, las autoridades del mismo decidieron invitarnos a tomar un té en la casa consistorial a lo que accedimos con mucho gusto, gozando una vez más de la hospitalidad turca, desgraciadamente y después de ver las instalaciones del “Ayuntamiento”, fuimos participes de la precariedad de la zona por donde en esos momentos  estamos rodando. Un puertecito más, este por asfalto hizo que el grupo sacara lo que le quedaba, coronando en un tiempo record, preparándonos para la bajada que nos tenía que llevar hasta el final de la etapa en Guzelyurt, donde íbamos a dormir en un antiguo monasterio que coronaba la ciudad, la bajada fue fantástica, haciendo una parada antes del final para disfrutar de las maravillosas vistas, del pueblo, el valle, la mezquita, el lago y la puesta de sol que se estaba acercando.

El hotel pintoresco y fantástico, nos ofreció una cena buffet, donde recuperamos fuerzas y seguimos degustando la excelente comida turca.

Al final 90 km en la que para mi fue la etapa más dura con 1150 metros de desnivel.

 

Viernes 5 de Junio (La otra Capadocia)

 

Salimos de Guzelyurt y fuimos directos a visitar el valle del Monasterio, aquí pudimos degustar varios platos a la vez, un primer plato, las casas integradas en las rocas o construidas en ellas, el segundo plato la ciudad subterránea, sencillamente impresionante, seguimos con la mezquita que anteriormente había sido una iglesia cristiana año 600 d.c) y el postre lo puso el valle donde pudimos ver las iglesias construidas en él y las formaciones rocosas del mismo.

Deshicimos el camino y nos adentramos por un valle de fácil rodada que nos descargó del esfuerzo del día anterior, dominando la bajada y pudiendo disfrutar de ella.

El Plato fuerte de la etapa lo constituía el cañón de Ihlara, donde la visión aérea del mismo era impresionante, dando la impresión que de que la tierra se había abierto a nuestros pies, separándose 100 metros entre sí y hundiéndose más de 200 metros hacía lo más profundo de la tierra, pero además el cañón que está formado por rocas volcánicas, tiene iglesias esculpidas en él y caprichosas rocas que le dan un encanto y un misterio especial. La idea era bajar al cañón hasta encontrar el lecho del río que lo separa y rodar por su interior durante los 14 km de distancia teóricamente ciclables del mismo. Los más expertos y aventureros del grupo ya empezaron su particular descarga de adrenalina en las primeras rampas que nos acercaban hacía el cañón. El cañón tenía cuatro partes bien diferenciadas: la entrada, una primera salida con más de 200 escalones para volver al altiplano, el pueblo de Belisirma situado en la mitad del cañón, compuesto de cuatro casas y un bar, y una salida final donde la carretera bajaba, siendo posible salir del cañón por ella, después de remontar un desnivel que podía rondar los 300 m en 3 km. El grupo empezó con una sonrisa y cargado de  fuerza, si bien las dificultades que  encontramos durante los primeros kilómetros del recorrido, la cantidad de piedras que obstaculizaban nuestro paso, obligaron a que tuviéramos que llevar gran parte del camino nuestras bicicletas al hombro. Parte del grupo encajó la buena nueva con buen humor, si bien eso de cargar la bici no está hecho para todo el mundo, el grupo se fue estirando y aunque algunos intentamos trabajar en equipo, parece ser que no lo conseguimos y después de algunas tensiones durante el recorrido, nos dividimos, la gran mayoría decidió salir del cañón, si bien siete bikers seguimos transitando por él hasta el final. Curiosamente entre las personas que decidieron seguir teníamos a tres de las cinco chicas! Como era previsible, a partir del momento de la división del grupo, la pista mejoró y se hizo más transitable y espectacular. Llegamos a Belisirma donde nos esperaba Zaim y Lidia, le informamos de la situación  y salió del cañón a toda prisa para reencontrarse con el resto del grupo. Los que rodamos hasta el final llegamos exhaustos, contentos y maravillados, después de haber descargado adrenalina y haber sudado cada metro del camino. Subimos de nuevo al altiplano y nos encontramos un regalo final e inesperado: una fantástica puesta de sol que incluso nos obligó a parar para poder disfrutar de ella. Llegamos a Selime y allí nos alojamos, fuimos a comer al lado del río. Del incidente del cañón no hablamos mucho, pero se podría decir que algunos no habían reencontrado la sonrisa desde entonces. Rodamos 68 km con un desnivel acumulado de 1000m, la etapa en un principio se prometía tranquila y parecía que íbamos a llegar temprano, si bien el cañón nos hizo demorar esa llegada y llegar cuando el sol ya nos estaba dejando.

 

Sábado 6 de junio de 2009 (El fin de la ruta)

 

La ruta poco a poco estaba llegando a su fin, habíamos ido sumando kilómetros, emociones y sensaciones. La última etapa del recorrido la habíamos tenido que variar, hacerla más sencilla y más corta, no podíamos correr el riesgo de llegar a última hora ya que teníamos que desmontar nuestras bicicletas y visitar un Haman antes de dejar la Capadocia.

Nos pusimos en marcha a eso de las 9 horas, teníamos por delante un recorrido circular que se iniciaba por asfalto con poco desnivel y poco trafico, 10 km que nos llevaron hasta una preciosa pista con un buen piso, bonitas vistas y el monte Hasan insinuante con sus más de 4000 metros de altura saludándonos una vez más. Antes de llegar al final de la ruta visitamos la ciudad antigua de Selime. Dibujada en las rocas y que fue abandona cuando los antiguos pobladores decidieron construir la nueva ciudad, la cual también tuvimos oportunidad de visitar: un entramado de pasadizos verticales y toboganes que nos llevaban hasta la Catedral, construida también en las entrañas de las rocas. Hasta llegar a la Catedral pudimos entras y salir por diversas estancias que en su momento formaron parte de la construcción monástica.

Después de 36 km con 560 m de desnivel, llegamos al final de nuestra particular ruta por la Capadocia y por otras zonas de  Anatolia Central.

Momento triste ya que empezamos a desmontar las bicicletas para empaquetarlas, desde Selime volvimos por carretera a Mustafapasa, y desde allí a Urgup donde teníamos programado un fin de fiesta especial. Vivimos la experiencia del Haman (baño turco), visita ineludible.

 

Domingo 7 de junio de 2009 (Vuelta a casa)

 

Ahora si que habíamos llegado al final de nuestra ruta, dejando a nuestras espaldas 404 km y 6100 m desnivel acumulado, vivencias y experiencias. Nos levantamos a las 3 de la mañana, para ir al aeropuerto de Kaiseri y coger nuestro vuelo que estaba programado a eso de las 6 de la mañana. Llegamos a Estambul a las 8 de la mañana y aún tuvimos tiempo para visitar un pequeño puerto local donde pudimos relajarnos antes de coger nuestro vuelo hacia Barcelona. Los equipajes, incluyendo las bicicletas llegaron perfectamente, nos despedidos en el mismo aeropuerto, en algunos casos sin demasiada efusividad, supongo que fruto del cansancio… poniendo punto y final a nuestro particular viaje por Turquía, aunque más que punto y final yo diría punto y seguido ya que el viaje perdurara, ahora nos toca disfrutar de las fotos y hacer participes a los compañeros que por una u otra razón se quedaron fuera.

 

Por cierto nos fuimos de Turquía cuando ya nos habíamos acostumbrado a los rezos de madrugada...

 

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